El origen de esta tecnología española radica en un material metálico del tamaño de un cabello. Combinado con una serie de elementos químicos tiene la propiedad de absorción de ondas electromagnéticas. Un sistema que puede hacer invisibles al radar objetos metálicos de gran tamaño, como los buques de guerra.

La idea surgió en el año 2000, a partir de la teoría de investigadores españoles y la empresa Micromag, destinada al estudio de materiales magnéticos.

Comenzaron a fabricar fibra metálica por kilómetros, la mezclaron con un compuesto y luego probaron a disimularlo aplicando pinturas y siliconas. El resultado es un elemento que el ojo humano es incapaz de distinguir. Esta tecnología, que hace invisibles las embarcaciones ante los radares, se puso a prueba en 2009 con una patrullera de 45 metros de eslora y 35 personas abordo. Mezclaron las fibras metálicas con el compuesto y la pintura y comenzaron a cubrir el buque a brochazos. La patrullera aparecía en la pantalla del radar como si fuese una inofensiva lancha.

Probado el éxito del invento, Micromag, a través del Ejército de España, ha tenido acceso a una reunión de la OTAN en Washington donde ha podido mostrar a 22 países las bondades de su tecnología. Hoy la empresa está presente también en otros países europeos, hasta el punto de generar en el exterior casi la mitad de sus ingresos.

La firma sostiene que su tecnología puede aplicarse no sólo al sector militar sino a otros mercados. Actualmente está implementando su inteligencia en recintos que quieran aislarlos de las ondas de telefonía móvil, como las centrales nucleares. También ha encontrado un nicho en el mercado de los aerogeneradores, que suelen ubicarse fuera de los espacios aéreos porque interfieren con los aparatos de navegación: “Ahora se abre la posibilidad de ubicarlos en cualquier terreno sin poner en peligro al tráfico aéreo”, dicen sus responsables.